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San Juan de la Penitencia

El convento de Toledo

Cisneros fundó en Toledo un convento de monjas de la Tercera Orden Franciscana, llamado de San Juan de la Penitencia. Junto al Convento, y dependiente de él, fundó un Colegio llamado de Santa Isabel, con el fin de proporcionar educación gratuita a un determinado número de doncellas pobres y honradas hasta llegar a la edad de elegir estado de vida. Si decidían ser religiosas debían ser admitidas en el propio convento sin aportar dote, mientras que si optaban por el matrimonio, al abandonar la casa de Santa Isabel llevaban consigo cierta cantidad como dote para la boda. Fray Francisco Ruiz, religioso franciscano y compañero inseparable de Cisneros, fue el padre y protector del Colegio de Santa Isabel de Toledo, donde recibió sepultura a su muerte. Por desgracia, el Convento y Colegio toledanos fueron gravemente dañados en 1936, siendo arrasados por un incendio y posteriormente saqueados. Sus restos pueden verse integrados en el actual Conservatorio de Música y en el Centro de Estudios Internacionales de la Fundación Ortega y Gasset, junto a la Iglesia de los Santos Justo y Pastor.

La fundación cisneriana en Alcalá de Henares

En Alcalá de Henares Cisneros fundó también un Convento de San Juan de la Penitencia, de religiosas franciscanas, hoy habitado por clarisas, conocidas popularmente como “Juanas”. Como en el caso de Toledo, el Convento tenía asociado un Colegio de Doncellas, con el mismo reglamento que el toledano. Por carta donación otorgada en Alcalá, ante Gregorio Fernández y otros testigos, entre los cuales figuraba Pedro Gumiel, Cisneros dotó al Monasterio de San Juan de la Penitencia, Colegio de Doncellas y Hospital de Santa Isabel, de rentas y posesiones para su mantenimiento, de modo que “las religiosas puedan vacar e servir a Dios syn ynpedimento alguno, e las personas enfermas de nuestro hospital sean probeydas e curadas de sus enfermedades, e por consiguiente, las doncellas tengan con que se puedan sostener, criar e doctrinar e para sus alimentos, queriéndolo todo proveer”.

El Monasterio, Colegio y Hospital fueron fundados en la calle de San Juan, cerca de la Iglesia Magistral de los Santos Niños, en un gran caserón mudéjar. El conjunto contaba con once patios. Del edificio original sólo se conserva, muy modificada, la antigua iglesia, convertida en la sala de exposiciones de la llamada Casa de la Entrevista. Este espacio fue restaurado en 1968 por el Instituto de Cultura Hispánica como sala de exposiciones y biblioteca. El nombre evoca la entrevista que mantuvo Colón con los Reyes Católicos en el cercano Palacio Arzobispal el 20 de enero de 1486. En el exterior se conserva el escudo del fundador. Otras zonas del antiguo convento forman parte ahora de dependencias municipales y del Colegio Cardenal Cisneros. El patio de este colegio público se corresponde aproximadamente con el antiguo claustro del convento. En la planta inferior pueden aún verse cuatro columnas renacentistas decoradas con el escudo de Cisneros. También se han perdido unos interesantes frescos del siglo XVI que decoraban el convento.

El actual Convento en la calle Santiago

En 1884 el convento presentaba un lamentable estado de conservación y la comunidad se vio obligada a trasladarse al antiguo Colegio-Convento de Agustinos Recoletos de San Nicolás de Tolentino, situado en la calle Santiago de Alcalá de Henares. Este Colegio Menor fue fundado en 1604 y construido a lo largo del siglo XVII. Tras la Desamortización el edificio perdió su condición conventual y pasó a manos particulares, recuperando esa finalidad en 1884, cuando sus propietarios lo donaron a las franciscanas del Convento de San Juan de la Penitencia.

La iglesia, con planta de cruz latina y cúpula de tambor, es una bella nuestra de la arquitectura barroca madrileña. Fue concluida en 1679. Para esta iglesia pintó Claudio Coello, en ese mismo año, “El triunfo de San Agustín”, que hoy puede admirarse en el Museo del Prado de Madrid. La cúpula original fue derruida tras la desamortización, pero gracias a la iniciativa de un grupo de alcalaínos y de la propia comunidad religiosa fue reconstruida en 2006. En el lado de la epístola se abre una pequeña sacristía ovalada del siglo XVIII, en la que se exponen algunas piezas religiosas propiedad del Convento.

Cisneros tuvo siempre predilección por esta fundación, a la que legó muchos objetos personales suyos al morir. Las religiosas conservan un ejemplar del Testamento de Cisneros, las Constituciones del Monasterio, un relicario de madera con forma de cruz pectoral y el famoso báculo o bastón nazarí, entre otras cosas.

El testamento de Cisneros

Las “Juanas” o clarisas de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares conservan una de los cinco ejemplares originales del Testamento de Cisneros, fechado el 14 de abril de 1512. El ejemplar ha sido digitalizado por el Obispado de Alcalá de Henares.

Las Constituciones del Monasterio

En 1508 Cisneros firmó las Constituciones del Monasterio de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares. Las religiosas conservan estas constituciones en el pequeño museo al que se acede desde la iglesia conventual.

El bastón nazarí

El bastón nazarí custodiado por las clarisas de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares es un cetrovara real (qadib), salido de la ebanistería nazarí de mediados del siglo XIV o principios del XV. Se conserva guardado en el interior de una urna de madera con tapa de cristal.

El historiador del arte Manuel Gómez-Moreno, que vio la pieza en una exposición de arte religioso en 1926 y comenzó a estudiarla, llegó a la conclusión de que Cisneros se trajo el báculo desde Granada en el año 1499, como consecuencia de su acción evangelizadora entre los moros. Elías Tormo, por su parte, llegó a afirmar que se trataba de un cetro de los reyes nazaríes. Otros autores que han estudiado la pieza son Leopoldo Torres Balbás y Basilio Pavón Maldonado.

Algunos historiadores hablan de la existencia, entre las posesiones de Cisneros, de varios cetros. Uno de ellos, según Alvar Gómez de Castro, sería parte del botín conquistado en la batalla de Mazalquivir en 1505: “Vinieron algo después a visitar al rey algunos tribunos militares enviados por Diego [Fernández de Córdoba]: Diego de Vera, Gonzalo de Ayora, Pedro López de Orozco, a quien los árabes llamaban El Zagal por su singular destreza en la guerra. Este llevó a Ximénez, de entre los despojos de los árabes, un bastón de ébano selecto, muy pulido y negro, distintivo que llevaban los cadíes, que es como llaman los árabes a sus sacerdotes y ancianos. Y después de usarlo algunos días, como agradecimiento a El Zagal, Ximénez le envió a su Universidad de Alcalá, como testimonio de la victoria y prenda de su amigo, varón óptimo”.

El de San Juan de la Penitencia mide 147 cms. Consiste en una vara de hierro de 8 milímetros de diámetro, envuelta en fibra de cáñamo y embutida en cilindros de ébano con incrustaciones de hueso y cedro. La vara totalmente forrada mide 25 milímetros de diámetro. Posee tres manzanas o nudos esféricos tallados con un entrelazado geométrico. La superficie lisa presenta una labor de taracea, que alterna colores claros y oscuros.

En su empuñadura, repetido dos veces, figura en caracteres árabes cursivos el lema de la monarquía nazarí: “No hay vencedor sino Alá”. De todo ello se deduce que este cetro pudiera ser la vara real de los gobernantes nazaríes de Granada, o quizá –como sostiene Josué Llull– “la gran calidad de los atauriques y arabescos hacen pensar que el propietario original pudiera ser en efecto un sacerdote, un juez o un altísimo dignatario de la Corte de Granada que lo utilizaba a modo de cetro o vara. En los siglos XIV y XV, no obstante, el cetro musulmán era de menor longitud, igual que el de las cortes cristianas. Por sus medidas, el de Las Juanas se parece más a un bastón de mando militar”.

El relicario de madera con forma de pectoral

En el pequeño museo del Convento de San Juan de la Penitencia, junto al testamento del cardenal, puede verse también una Cruz Relicario de madera con forma de pectoral, legado de Cisneros a sus clarisas de Alcalá.