Perfiles artísticos

Los retratos del Cardenal

Casi todas las representaciones artísticas de Cisneros –en grabados, pinturas o esculturas– remiten a un mismo tipo iconográfico, cuyo origen podemos señalar en el célebre relieve realizado por Felipe Bigarny a comienzos del siglo XVI. Desde el mismo momento de la muerte de Cisneros, en 1517, diversos artistas reciben el encargo de representar al cardenal para ilustrar diversas obras literarias –vidas, elogios, panegíricos y sermones–, narrar sus gestas –como en la Capilla Mozárabe de Toledo– o para honrarle en determinadas conmemoraciones. Caso aparte, naturalmente, es el sepulcro esculpido para albergar sus restos mortales.

En esta sección ofreceremos algunas de estas representaciones, desde las más antiguas a las más recientes.

El relieve de Bigarny

La más famosa representación de Fray Francisco Ximénez de Cisneros es sin duda la realizada por el escultor borgoñón Felipe Bigarny, que nació en Langres en torno a 1475 y murió en Toledo en 1543. Con tan solo 23 años ya estaba afincado definitivamente en España, donde llegó a tener un importante taller y numerosos encargos. Este artista es considerado, junto a Alonso Berruguete y Diego de Siloé, uno de los máximos representantes del arte renacentista castellano, aunque conserva rasgos estilísticos flamencos y borgoñones del gótico tardío. Cisneros le encargó diversas obras para la Catedral de Toledo y la Colegiata de los Santos Niños de Alcalá de Henares. Sabemos que en 1512 y 1513 Bigarny estuvo en Alcalá para montar el desaparecido retablo mayor de la Colegiata Magistral.

El relieve de Bigarny es un pequeño alabastro policromado que representa el busto del cardenal, de perfil, con la cabeza vuelta hacia la derecha, sobre un intenso fondo azul. La policromía fue realizada por el pintor castellano Fernando del Rincón. Como ha escrito Juan Manuel Lizarraga: “El artista logró plasmar en el rostro la personalidad enérgica, firme e inteligente que caracterizó al cardenal Cisneros según sus biógrafos y que se refleja particularmente en la firmeza y la expresión contenida que transmite el mentón y el rictus de la boca y la gran energía que se adivina en sus ojos, incisivos y penetrantes”.

En cuanto a la iconografía del relieve, seguimos de nuevo a Lizarraga: “El prelado aparece investido con una capa pluvial ricamente decorada al gusto italiano con motivos alusivos a su doble condición de cardenal y arzobispo de Toledo: la insignia con las llaves entrecruzadas de la cenefa bordada de la capa aluden a su dignidad cardenalicia, mientras que el motivo representado en el broche de cierre en forma de clípeo, con el tema de la Descensión de la Virgen, hace referencia a su condición de arzobispo de la sede primada. Este asunto iconográfico recoge la leyenda toledana de la imposición milagrosa de la casulla a San Ildefonso, como prueba de agradecimiento por haber aquél escrito el tratado De virginitate sanctae Mariae“.

Por su parte, Castillo Oreja considera este relieve, en cierto sentido, como la imagen oficial del cardenal, dado “el carácter emblemático de ambos motivos y la misma condición del retrato, en el que el aspecto solemne y distanciado del personaje no elude un sentido estricto de la realidad”. También se ha señalado que “el verismo del rostro” apunta a la tradición gótica y flamenca, mientras que “el suave modelado” de la talla y “la rica y menuda decoración de gusto italianizante del borde de la capa pluvial” reflejan el nuevo lenguaje renacentista.

Isabel del Río de la Hoz señala la relación existente entre el retrato de Cisneros de Bigarny y las medallas de los Papas de finales del siglo XV: “Bigarny bien pudo conocer estas medallas en Dijon y en Roma, también pudo ver las de la colección del cardenal Mendoza, con trabajos de los más importantes medallistas del quattrocento. La medalla de Julio II resulta ser el retrato de más proximidad estilística a éste de Cisneros”. En cuanto al rostro del Cardenal, escribe Isabel del Río: “Bigarny insiste en reforzar los rasgos adquiridos por la huella que la vida ha dejado en el rostro del personaje. Relaciona el carácter y la apariencia física por medio del gesto, y consigue transmitirnos una personalidad basada en la férrea voluntad y la inteligencia, dentro de una figura enjuta, delgada y asutera, en perfecta armonía con las descripciones literarias que poseemos del ilustre prelado, entre ellas la de Quintanilla, su biógrafo oficial”,

La datación de la obra ha sido muy discutida. Parece que fue Ceán Bermúdez quien primero la atribuyó a Felipe Bigarny, fechándola en 1502, año en que Cisneros encargó al escultor algunas piezas para el retablo mayor de la Catedral de Toledo. Elías Tormo la data más bien en torno a 1515, también en vida del Cardenal, mientras que Castillo Oreja cree que la obra fue encargada tras la muerte de Cisneros en 1517, siendo probablemente de 1518, fecha del décimo aniversario de la inauguración del Colegio Mayor de San Ildefonso, año en que la Universidad encargó a Fancelli el sepulcro de su fundador y a Bigarny una medalla conmemorativa. Las tres obras –relieve, sepulcro y medalla– serían un “medio de exaltación de la figura del ilustre fundador fallecido unos meses antes”.

En su conocido Viage de España, publicado en la segunda mitad del siglo XVIII, Antonio Ponz describe este relieve con precisión, gracias a lo cual sabemos que la pieza era originalmente ovalada y se encontraba en la sacristía de la Capilla Mayor de San Ildefonso. Con posterioridad a 1787 debió de ser trasladada al Gabinete de Antigüedades y Librería del mismo Colegio Mayor de Alcalá, siendo posiblemente restaurada y reducida al actual formato rectangular, además de ser enmarcada por una recargada moldura rematada con el capelo episcopal.

El relieve alcalaíno se encuentra actualmente en la Universidad Complutense de Madrid, antigua Universidad Central. Durante varios siglos ha sido el modelo principal de otros relieves, realizados en materiales diversos, como el cuero repujado, el barro cocido y la madera policromada.

La medalla de 1508

En 1508, con ocasión del primer curso académico de la Universidad de Alcalá, se acuñó una medalla conmemorativa, con la efigie de Cisneros y la leyenda: F. F. X. CARLIS. HISP. ARCHI. TOL. COMPL. ACADEMIA FVNDATOR (Fray Francisco Ximénez, Cardenal de España, Arzobispo de Toledo, Fundador de la Academia Complutense). La imagen mostraba la “vera imago” de Cisneros, aún en vida, honrado como fundador de la Universidad, la “Academia Complutense”.

Debieron de poseer la medalla los primeros alumnos y también las autoridades académicas, entre ellos los prebendados de la futura Magistral.

Un cuadro desaparecido de la Magistral

Gracias a antiguas fotografías de archivo sabemos que la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares conservaba, hasta el incendio y posterior saqueo del templo en julio de 1936, una pintura sobre tabla en la que aparecían, enmarcados, San Eugenio y San Ildefonso de Toledo –revestidos de rico pontifical, con mitra y báculo– y bajo ellos un medallón policromado con la efigie de Cisneros que evocaba la medalla conmemorativa de 1508 de la que acabamos de hablar. A los lados de la medalla, y rodeados del cordón franciscano, podían verse dos escudos cisnerianos.

La leyenda inscrita en el marco decía: HORVM SANCTORVM VESTIGIA EST SECVTVS CARLIS D F FRANCISCVS XIMENEZ (El Cardenal D. Fray Francisco Ximénez siguió las huellas de estos santos).

La obra es mencionada por diversos autores. Liborio Acosta de la Torre dice que estaba en la Sala Capitular de la Magistral y que la imagen de Cisneros era de cobre. También la mencionan Esteban Azaña y Heliodoro Castro. Elías Tormó la vio en la iglesia del antiguo colegio de la Compañía de Jesús, debido al cierre de la Magistral por las obras de Cabello Lapiedra (1902-1931). Aparece también en el catálogo de la “Exposición de arte religioso en Alcalá de Henares” de 1926.

La pintura podría ser de mediados del siglo XVI. Aunque se ha indicado su posible atribución a Comontes, el profesor Roberto González Ramos propone, en un detallado estudio, la autoría del pintor alcalaíno Pedro de Castañeda, que recibió el encargo de otras obras conservadas en Alcalá, de las que hablaremos más abajo. Este pintor está documentado en Alcalá de Henares entre 1540 y 1557. Según González Ramos esta pintura podría haber sido encargada por la Magistral con ocasión del conflicto institucional provocado por el Cardenal Silíceo, que llegó a encarcelar al abad cancelario, Luis de la Cadena, y a tres canónigos de la Magistral, en el intento de imponer la jurisdicción de la mitra toledana sobre la Universidad de Alcalá. Representar a Cisneros junto a dos santos Arzobispos de Toledo constituiría todo un mensaje institucional. Como escribió Alvar Gómez de Castro: “Nuestro Jiménez superó, por la magnificencia y grandeza de sus obras, a todos los arzobispos y señores que le precedieron o florecieron hasta nuestros días, de tal modo que aun los mismos émulos, si es que se hacen dignos de tanta alabanza, tendrán que seguir muy de lejos al fundador de nuestra Universidad”.

El busto de Juan Alonso de Villabrille

 

La Universidad Complutense de Madrid posee un busto en terracota policromada del Cardenal Cisneros realizado por el escultor Juan Alonso de Villabrille y Ron en el siglo XVIII. El busto, que mide 78 x 60 cms., fue expuesto en 2015 en la Exposición “Las Edades del Hombre” en Avila. La obra fue atribuida al escultor asturiano afincado en Madrid por el profesor Urrea.

Portela Sandoval describe así el busto: “Mencionado en el Inventario de los bienes universitarios de 1846 como ‘de yeso, con capelo encarnado y capucha de fraile franciscano’, el busto ofrece singular interés al estar considerado como el más antiguo retrato en bulto redondo del prelado, cuya imagen siempre había sido representada de perfil en grabados y pinturas que tomaban como modelo el antes citado relieve que realizara Felipe Bigarny a comienzos del siglo XVI. El rostro del Cardenal muestra el aspecto enérgico que siempre distinguió al personaje, al igual que su carácter reflexivo mostrado en las arrugas de la frente; pero, al mismo tiempo, presenta la honda espiritualidad que debía de presidir las actuaciones de quien por los años en que se estima que fue realizado el busto estaba siendo objeto de una intensa campaña por parte de sus compañeros de orden franciscana para lograr abrir su causa de beatificación como paso previo a la canonización. Ello se tradujo en numerosos escritos, pinturas y esculturas que pudieran favorecer el ansiado objetivo, luego no conseguido”.