Siervo de Dios

Breve historia del proceso de canonización de Cisneros

“Los fundamentos que ha tenido este principal Colegio Mayor de San Ildefonso Universidad Complutense para empezar la causa de la canonización de su venerable Fundador año de 1626. Moviéndose, después de la aclamación común, tradición, pública voz y fama y veneración continuada, de lo que han escrito varones tan insignes y graves, hallar en tantas historias razonada su vida, virtudes, méritos y milagros en vida y en muerte. Y en otras, y obras de tanta calidad, la veneración y fama común de su beatitud y Santidad”. - Colegio Mayor de San Ildefonso, 1626

Los inicios del proceso

Poco después de la muerte del cardenal Cisneros, en 1517, fueron muchas las voces que pretendieron llamar al reconocimiento de la santidad de Fray Francisco. El primer intento conocido de canonizarlo comenzó en el segundo tercio del siglo XVI de la mano de la comunidad franciscana observante del Convento de San Francisco de Torrelaguna (Madrid). Torrelaguna es la villa natal del cardenal, lugar muy vinculado a su trayectoria y a su familia. El convento franciscano tiene su origen en su mecenazgo, y fue el lugar testimonial desde el que comenzó el proceso de canonización.

Pero su obra más querida, a la que por su testamento nombró heredera de sus bienes espirituales y materiales, fue la Universidad de Alcalá. En la Capilla del Colegio Mayor de San Ildefonso mandó sepultarse y para ello la Universidad y sus albaceas mandaron labrar un sepulcro que hiciera honor a su trayectoria. La dotación de la Capilla y la ubicación del espacio funerario respondían en gran medida a la tradición asentada en la Castilla moderna por los Reyes Católicos y sus sepulturas en la Capilla Real de Granada. A Cisneros se le dotó de un aparato litúrgico y ceremonial similar al granadino, como fundador de la Universidad, arzobispo toledano y regente.

La biografía de Alvar Gómez de Castro

En 1569 vio la luz la primera edición de la biografía escrita por el humanista Alvar Gómez de Castro, uno de los principales egresados por la Universidad de Alcalá en el siglo XVI. La biografía cisneriana y su difusión permitió el conocimiento de la vida y la obra del cardenal a lo largo del siglo XVI, y sus sucesivas reediciones permitieron su conocimiento internacional, fundamentalmente en la Santa Sede.

La Guerra de las Comunidades (1520-1522) y la crisis de la cristiandad acontecida tras la reforma protestante paralizaron cualquier forma inicial del proceso de canonización, a la vez que la indefinición canónica del desarrollo de los procesos (de tradición medieval), que no concretaban pautas específicas procesales. La celebración del Concilio de Trento y la concreción en torno a la devoción a los santos permitió que la Iglesia comenzara a normalizar el reconocimiento de la santidad en las últimas décadas del siglo XVI.

Las nuevas disposiciones del Concilio de Trento

Pero la definitiva puesta en funcionamiento de la reforma de los procesos de canonización partió a comienzos del siglo XVII en el pontificado del Papa Urbano VIII, que definió según los principios del Concilio de Trento las nuevas formas de proceder en los procesos de beatificación y canonización.

El proceso de canonización de Cisneros comenzó de forma oficial, según los principios tridentinos, gracias a los auspicios del cardenal Antonio Zapata, administrador del arzobispado de Toledo y sobrino biznieto de Cisneros. La Universidad de Alcalá sostuvo desde ese momento la financiación de todo el proceso, y varios de sus miembros ocuparon el puesto de postuladores.

Fray Pedro de Quintanilla, el gran artífice del proceso

En 1626 comenzó la redacción del proceso, que se detuvo en elaborar las pruebas testificales en los principales lugares cisnerianos (Alcalá de Henares, Torrelaguna, Madrid, Toledo y Orán). El proceso fue remitido a Roma para la valoración de la Congregación de Ritos y del Consistorio de Cardenales, que por distintas vicisitudes no logró llegar a término.

Quien sostuvo con más ahínco el proceso de canonización, en nombre de la Universidad, fue el franciscano Fray Pedro de Quintanilla y Mendoza, que vivió con la misión cisneriana en Roma más de diez años y logró de la Santa Sede la reactivación de la causa y su amplia difusión internacional. Fray Pedro fue el gran artífice del proceso de canonización y el principal difusor de la idea de santidad del Cardenal. Sus trabajos históricos de recopilación documental permitieron el juicio crítico de la historia hasta nuestros días.

El parón del proceso

El proceso de canonización sufrió durante el siglo XVIII un importante parón, debido fundamentalmente a que la Universidad dejó de sostener con la fuerza de antaño la financiación del proceso, y a que en la Santa Sede el proceso cisneriano suponía un choque de intereses entre la orden franciscana observante y la conventual, que precisamente por las gestiones de Cisneros se habían visto separadas definitivamente desde 1517. Con un Papa franciscano conventual, Clemente XIV, se puso punto y final al proceso moderno de canonización.