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Universidad de Alcalá

Breve historia de la Universidad fundada por Cisneros

La fundación de la Universidad de Alcalá es una de las grandes obras realizadas por Cisneros. Consciente de la necesidad de un nuevo centro universitario en el ámbito de la sede toledana para la reforma del clero secular y religioso y para la formación de las futuras clases dirigentes de la monarquía católica, Cisneros se entregó en cuerpo y alma al diseño, realización y dotación del Colegio Mayor de San Ildefonso y los Colegios Menores a él vinculados.

El primer “Studium Generale” de Alcalá (1293–1459)

El 20 de mayo de 1293 el Rey Sancho IV de Castilla concedió al arzobispo de Toledo Gonzalo García Gudiel la creación de un Studium Generale en Alcalá de Henares.

Recordemos que los Studia Generalia fueron los precursores de las primeras universidades europeas. La formación del clero –y de parte del laicado– se realizó, durante la Edad Media, en las escuelas palatinas, monásticas y catedralicias. A partir del siglo XII muchas de ellas obtuvieron el reconocimiento académico y el apoyo económico de Papas, Emperadores y Reyes, recibiendo el título de Studia Generalia. Rasgo característico de estos centros educativos era la asistencia de estudiantes de diversa procedencia, el hecho de que se impartieran disciplinas superiores y la existencia de diversos maestros para las variadas materias. Profesores y alumnos gozaban, además, de diversos privilegios que favorecían la libertad de movimientos –en relación a la estancia y los desplazamientos por Europa–, y podían acogerse también al fuero eclesiástico, lo que permitía eludir la justicia civil. Los Studia fueron obteniendo progresivamente el monopolio de concesión de grados académicos (magister o doctor).

El “Studium Generale” franciscano de Carrillo de Acuña y de Mendoza (1459–1499)

Pero el gran precedente de la Universidad Cisneriana es el Studium Generale que el arzobispo Alonso Carrillo de Acuña estableció en el Monasterio de Franciscanos Observantes por él fundado en Alcalá de Henares. Sabemos que en 1459 Carrillo obtiene del papa Pío II una bula para la creación de tres cátedras de Artes Liberales y Ciencias Sagradas y que en 1487, a petición del cardenal Pedro González de Mendoza, se transforma en el primer Studium Generale franciscano de Castilla, con las nuevas cátedras de Teología, Derecho Civil y Canónico.

La fundación de la “Complutensis Universitas” (1499)

Francisco Jiménez de Cisneros había pasado por las aulas del Studium Generale de Alcalá, antes de marchar a Salamanca para completar sus estudios. En 1499, siendo ya franciscano y arzobispo de Toledo, Cisneros crea la Complutensis Universitas, mediante bula pontificia recibida del papa Alejandro VI, con fecha 13 de abril de ese mismo año. El núcleo de la nueva Universidad era el Colegio Mayor de San Ildefonso.

Cisneros llevaba varios años comprando terrenos y diseñando la futura universidad. En 1501 se pone la primera piedra del edificio universitario y en 1508, el 18 de octubre, fiesta de San Lucas, comienza sus estudios la primera promoción de estudiantes. Cabe destacar la presencia, en esta primera promoción, del futuro arzobispo de Valencia, Santo Tomás de Villanueva. En el curso 1509-1510 funcionaban ya cinco facultades: Artes y Filosofía, Teología, Derecho Canónico, Letras y Medicina.

El 22 de enero de 1510 firma las Constituciones del Colegio Mayor de San Ildefonso, que regulaban la vida universitaria.

En la mente de Cisneros la Universidad de Alcalá tenía como finalidad la formación de eclesiásticos, tanto seculares como religiosos, con vistas a su renovación intelectual y espiritual, en el marco de la reforma general de la Iglesia promovida por los Reyes Católicos, así como la preparación de las nuevas clases dirigentes –civiles y eclesiásticas– que habría de gobernar la sociedad y la Iglesia. Además, Cisneros buscaba la repristinación del pensamiento cristiano con un mejor conocimiento de la cultura clásica, la Sagrada Escritura, la Tradición de los Padres de la Iglesia y los grandes autores medievales. La Teología era el eje central de los estudios, que incluían también la Gramática, la Retórica, la Filosofía, el Derecho Canónico y la Medicina, además de los estudios de lenguas bíblicas: latín, griego y hebreo. Teológicamente Alcalá daba espacio a las tres grandes escuelas del momento: escotismo, nominalismo y tomismo.

Junto al Colegio Mayor de San Ildefonso Cisneros fundó otros colegios “menores”. En 1513 decide la creación del Colegio de San Pedro y San Pablo (vinculado a la orden franciscana), del Colegio de la Madre de Dios (Teología y Medicina), del Colegio de Santa Catalina (Artes y Física), del Colegio de Santa Balbina (Lógica y otras materias de Artes), del Colegio de San Eugenio y del Colegio de San Isidoro (Gramática latina y griega).

Tras la muerte de Cisneros fueron fundados otros muchos Colegios Menores,  de órdenes religiosas (agustinos, basilios, carmelitas calzados y descalzos, cistercienses, clérigos regulares menores, dominicos, franciscanos, jesuitas, mercedarios calzados y descalzos, trinitarios calzados y descalzos), de órdenes militares, de algunas diócesis, de fundación real (Colegio del Rey) y de fundación privada (Santiago, Verdes, Málaga, Irlandeses).

La edad de oro de la Universidad de Alcalá recorre los siglos XVI y XVII, con presencia en sus aulas de importantes figuras de la vida cultural, religiosa y civil de España y de Europa. Alcalá fue, además, modelo para las nuevas universidades que se iban fundando en América.

El traslado a Madrid en 1836

Tras los cambios políticos y educativos del siglo XVIII, que afectaron profundamente a la universidad fundada por Cisneros, el siglo XIX comenzó con la amenaza de extinción o traslado de la Universidad a Madrid, acontecimiento que finalmente tuvo lugar por orden del 29 de octubre de 1836. Nacía así la Universidad Central de Madrid, que luego cambiaría su nombre por el de Complutense de Madrid. Trasladada la rica biblioteca de Alcalá a Madrid, los edificios que fueron Universidad quedaron vacíos y fueron subastados, pasando a manos de particulares a partir de 1845. Como es bien sabido, ante el peligro real de pérdida no sólo de los bienes muebles, sino incluso del patrimonio inmobiliario de la Universidad, un grupo de vecinos complutenses constituyó, el 12 de enero de 1851, la Sociedad de Condueños de los Edificios que fueron Universidad. Un mes antes, estos vecinos –entre los que había personas acaudaladas, comerciantes, catedráticos, sacerdotes, albañiles, campesinos y tenderos– habían comprado por 90.000 reales la manzana de la Universidad Cisneriana.

El “regreso” de la Universidad en 1977

Las antiguas dependencias de la Universidad fueron sucesivamente sede de la Academia de Caballería, Colegio de Escolapios y Centro de Formación de Funcionarios, hasta que en 1977 la Universidad “volvió” a Alcalá –en realidad se pretendió crear una nueva Universidad de Madrid en Alcalá–, sin su rico patrimonio bibliográfico y documental. Poco quedaba del proyecto original de Cisneros, aunque al menos se ha podido conservar la fachada de la Universidad, sus patios, el Paraninfo y la capilla de San Ildefonso con el sepulcro del Cardenal.

En 1981 se reconoció legalmente la denominación “Universidad de Alcalá de Henares” y en 1996 se adoptó el actual nombre: “Universidad de Alcalá”.